En 1999, Médicos Sin Fronteras (MSF) puso en marcha su primer proyecto de diagnóstico y tratamiento para enfermos de Chagas en Yoro, Honduras. Desde entonces, la organización ha desarrollado varios programas en Nicaragua, Guatemala y Bolivia.
En 2002, MSF inició su primer proyecto de Chagas en Bolivia, el país con mayor prevalencia del mundo. Durante cuatro años, la organización trabajó en el área rural de Entre Ríos, provincia de O’Connor del departamento de Tarija, tratando a pacientes de hasta 15 años de edad. Después de esta experiencia, MSF amplió el tratamiento hasta los 18 años en un nuevo proyecto, esta vez, en zonas suburbanas de dos distritos de Sucre, también en Bolivia.
Con la experiencia adquirida en sus proyectos y los resultados de recientes estudios sobre la efectividad del tratamiento en adultos, MSF está trabajando en tres distritos suburbanos de la ciudad de Cochabamba. Las actividades se llevan a cabo en colaboración con el Ministerio de Salud boliviano y de forma integrada en cinco centros de atención primaria, donde se trata y diagnostica a niños y adultos de hasta 50 años. Con este mismo planteamiento, actualmente la organización está abriendo un nuevo proyecto en la zona rural del departamento de Cochabamba, donde se está trabajando para implicar a las comunidades en todos los componentes de la estrategia (prevención, diagnóstico y tratamiento), en una zona donde la presencia del vector es mucho mayor.
A finales de 2008, MSF había realizado la prueba del Chagas a más de 60.000 personas y tratado a 3.100 pacientes, de los que alrededor de 2.800 finalizaron el tratamiento con éxito. Ello demuestra que, aunque los medios actuales no son los ideales, el diagnóstico y tratamiento del Chagas es viable en entornos de recursos limitados y áreas remotas, si se llevan a cabo varias acciones coordinadas:
Informar y educar a la población sobre las posibles vías de transmisión, los síntomas, el tratamiento y las medidas básicas de higiene y de prevención de la enfermedad, incluyendo a autoridades locales, personal de salud, líderes comunitarios y familias de los enfermos.
Integrar el control vectorial a los programas de diagnóstico y tratamiento para evitar nuevos contagios. Es necesario visitar las casas de los enfermos para comprobar si hay presencia del vector y fumigar cuando es necesario, pero la importancia de la prevención no debe dejar el tratamiento en segundo plano.
Detectar y diagnosticar la infección de forma activa. La falta de sintomatología y los problemas de acceso al diagnóstico de gran parte de la población de riesgo siguen siendo un grave problema. Es por ello que MSF recomienda la detección del Chagas en áreas endémicas; la aparición de test rápidos lo facilita en extremo.
Tratar a los enfermos. El tratamiento de Chagas debe ser supervisado semanalmente por personal sanitario formado, ya que puede provocar efectos secundarios. Con un buen seguimiento, estos efectos son manejables y un alto porcentaje de pacientes completan el tratamiento, con baja incidencia de efectos adversos que requirieron hospitalización (0,07% en los proyectos de MSF) y ninguna mortalidad.
Asegurar el suministro y la logística para atender a las comunidades rurales (las más afectadas). Para ello es prioritario contar con una fuerte cadena de suministro de medicamentos y reactivos de laboratorio, así como almacenar las muestras serológicas en condiciones óptimas de refrigeración para futuras pruebas de curación.
Asegurar el suministro y la logística para atender a las comunidades rurales (las más afectadas). Para ello es prioritario contar con una fuerte cadena de suministro de medicamentos y reactivos de laboratorio, así como almacenar las muestras serológicas en condiciones óptimas de refrigeración para futuras pruebas de curación.
Además de estos seis componentes, la motivación y el compromiso del personal sanitario y los propios pacientes para hacer frente a la enfermedad, así como el apoyo gubernamental, son imprescindibles para el éxito de un programa.
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